Austeridad

He hecho un paseíllo hacia el centro del pueblo que debe de estar a cosa de un kilómetro. Continua haciendo unos días espléndidos: calor y sol suficientes para mí. Dice Eva que el mal tiempo empezará dentro de poco y que esto no es más que el “veranillo de las ovejas”. Resulta muy agradable salir a la calle con esta temperatura. Hungría tiene en estos momentos una contradicción evidente en la calle. Ocurre un poco como en aquellos paises en los que el capitalismo se inicia. Por una parte hay todo lo que este sistema conlleva. Y aparece con todo el esplendor engañoso con que sabe hacerlo. Pero al lado, existe el tic nacional, proveniente del período comunista en el que hacía falta saber que hoy había unas coses que, tal vez, mañana ya no. Eran tiempos de escasez. Y se confirma por qué, no por afán de protección al medio ambiente, sino por la imposibilidad de consumismo, la gente lleva con ella bolsas enormes de la compra. Las simples bolsas de plástico. Hay una cierta austeridad. La gente ahorra, usa y utiliza, los objetos en su nivel máximo. No se tiran las cosas: se reciclan o se guardan. ¡Que bueno sería no perder esta forma de actuar cuando ya tuvieran unas clases medias acostumbradas al consumo desmelenado! ¿Cómo entiende este sentido del ahorro, de consumo moderado, la población? De hecho no creo que, aparte de las élites intelectuales el personal ciudadano lo considere ni poco ni mucho. O como mínimo de forma ideológica mientras no tengan acceso a un jornal o mientras este continúe siendo flojo. ¿Como aprecian este consumo? ¿Cómo un hecho de modernidad , todavía de modernidad y no de postmoderno? ¿De integración en un universo anhelado, superior en cierta medida…? Porque, ¿empezarán a perder ya los valores tradicionales húngaros, centroeuropeos, al mismo tiempo que se incrementan las compras? Tengo la sensación de que la austeridad desaparecerá tan pronto como los sueldos aumenten: nada de nuevo en el Este.

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