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László Darvasi

La pregunta
¿Cuántas ciudades formaban la actual capital húngara Budapest antes de unificarse en 1873?
Dos: Buda y Pest.
Tres: Buda, Óbuda y Pest.
Siempre ha sido una única ciudad: la capital de Hungría.
Respuesta

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Géza Csáth

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Un cuento popular de la cuenca de los Carpatos

Enikõ Karádi-Héder


El cuento del árbol que llega al cielo, está lleno de giros: el rey lanza un llamamiento, el pequeño porquero supera la prueba más importante de su vida, el apuesto corcel encuentra a su merecido dueño, mientras la princesa se enamora hasta la médula, el dragón pierde su fuerza mágica y se cumple el orden del mundo.

“Había una vez un rey. Tenía una hija”. Cualquier fábula heroica podría empezar con estas palabras, pero nuestra historia continúa con un giro particular. El dragón de siete cabezas rapta a la hermosísima hija del rey y se la lleva al mundo celestial, que solo se puede alcanzar de una manera: encaramándose al árbol que llega al cielo, que florece en el patio del palacio. Esta imagen legendaria se transformó en un motivo narrativo entre la etnia húngara, enseñándonos cómo una creencia, a lo largo del tiempo, puede convertirse en el origen de un cuento popular. El árbol seguramente está relacionado con el gran árbol del chamanismo ugroturco, un elemento importante de las tradiciones de una religión ancestral que los húngaros trajeron desde el Este a la cuenca de los Carpatos. El triste y viejo rey del cuento dará la mano de su hija al que pueda encaramarse al árbol y librar a la princesa del cautiverio del dragón. Cientos de pretendientes fallan en el intento, hasta que al final el pequeño porquero se presenta a probar suerte. Su cochinillo que sabe hablar, lo anima a intentar la misión sobrehumana: encaramarse al árbol. El proceso en todas las narraciones sucede de la misma manera: el héroe gasta siete pares de albarcas de hierro y estropea siete trajes de hierro, mientras con su hacha corta una escala en el tronco y va ascendiendo palmo a palmo al cielo. Esta curiosa misión conserva el recuerdo de la ceremonia de iniciación del chamán –del táltos en húngaro–y es la común prueba de fuerza de los niños de siete años (simbolizado por el pequeño porquero). La palabra táltos en el idioma coloquial húngaro identifica al maravilloso y rápido corcel, no obstante, en la mitología popular la fuerza del caballo no vale nada sin su dueño. El táltos en realidad es el brujo o chamán húngaro cuya fuerza mágica es inseparable de su caballo y ambos solo disponen de poderes sobrenaturales si se han juntado.

En el cuento popular se encuentran cuando el pequeño porquero, una vez en el cielo, entra al servicio del dragón para cuidar de sus establos. En un rincón se halla tirado un jamelgo flaco y cojo al que tiene que alimentar con heno cuando éste pide paja y si pide paja hay que darle agua, así lo manda el dragón. El pequeño porquero no obedece las órdenes y cuando el jamelgo se lo pide, le da brasa ardiente y éste, por arte de magia, se transforma en un hermoso corcel de cinco patas. En las creencias del chamanismo húngaro, nacer con un miembro o un dedo de sobra es señal de tener poderes sobrenaturales tanto en el caso de hombres como de animales. Entretanto la hija del rey emplea toda su astucia femenina para arrancar al dragón el secreto de dónde guarda la fuerza que lo hace invencible ante sus enemigos. “En el bosque hay un jabalí, en su cabeza una liebre, en la cabeza de la liebre una cajita, en la cajita nueve avispones. En estos nueve avispones se esconde la fuerza del dragón de nueve cabezas, si los matamos el dragón no tendrá ni la fuerza de un mamón”. El corcel y el pequeño cordero salen juntos a luchar contra la fuerza del dragón escondida fuera de su cuerpo: “el pequeño porquero puso la cajita sobre una piedra plana, cogió otra piedra plana y con ella le pegó un golpe tan tremendo a la cajita que ni cajita, ni avispones”. Así se queda anulado todo el poder del dragón y en la siguiente imagen el pequeño porquero ya está cortando las nueve cabezas, eliminando para siempre al dragón tal y como lo exige al buen héroe el orden del mundo del cuento popular. Abraza a la princesa liberada y montando el corcel llega a galope tendido al palacio real para recibir el premio merecido por su hazaña: la boda real.

La folclorista Ágnes Kovács estudió más profundamente las distintas versiones húngaras de este cuento. Según sus investigaciones, el cuento del árbol que llega al cielo cobró su forma definitiva en el terreno lingüístico húngaro y los países vecinos tomaron el tema de encaramarse al árbol del folclore húngaro. Se conocen dos versiones principales, una es la que acabamos de conocer, pero las dos tienen muchos variantes gracias a la infinita libertad de creación tan propia de los cuentos populares. El motivo del árbol que llega al cielo es un punto central en las ancestrales creencias húngaras y sigue formando parte de la visión del mundo húngaro. En una narración del famoso cuentacuentos Lajos Ámin, el árbol se dobla siete veces antes de llegar al cielo “porque no fue capaz de romper la bóveda dorada…”.

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