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Sobre la lengua
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Sobre la lengua
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José Miguel González Trevejo

La lengua húngara

El húngaro o magiar (magyar; pronúnciese algo así como “máyar”), el idioma oficial de la República de Hungría, es hablado por unos trece millones de personas en Hungría y en los países vecinos, principalmente en Eslovaquia, Rumanía, Serbia y Ucrania, en regiones que tradicionalmente pertenecieron al Reino Húngaro hasta la Primera Guerra Mundial, y donde, a pesar de los traumas del siglo XX, la comunidad húngara ha sobrevivido, y protegido su lengua y su cultura.

El origen y evolución de la mayoría de las lenguas europeas son relativamente conocidos. Los lingüistas consideran que provienen de una antigua lengua más o menos común, que denominan el indoeuropeo (las lenguas romances, eslavas, germánicas, etc.). Unas pocas lenguas europeas no pertenecen a este sistema, el húngaro es una de ellas. Gracias al trabajo de la lingüística comparativa junto con el de otras ramas de la ciencia, sabemos que el húngaro, el finés, el estoniano y una serie de lenguas, habladas en el territorio central y septentrional de la actual Rusia, como el komi, el mordvino o el mari, han surgido de una antigua lengua (más o menos común, como en el caso de las indoeuropeas), y por eso las llamamos lenguas ugrofinesas o finougras. Esto, por supuesto, no es algo tan evidente como establecer el parentesco de las lenguas eslavas o latinas. El estoniano y el finés son mutuamente comprensibles, pero no tanto con el húngaro. Y de hecho hay quienes niegan esta teoría. Conocemos, en cierta medida, el camino de los húngaros desde oriente hasta llegar a su territorio actual, en el centro de Europa, en 895-896 (aunque conocían el territorio con anterioridad, puede que incluso desde la época de los hunos). Los primeros reyes húngaros cristianos conservaban el vago recuerdo de este camino. El rey Béla IV, envió en 1232 y en 1235 una expedición compuesta por monjes para buscar a los “otros húngaros”, los “húngaros de oriente”. Y efectivamente, el monje Julianus los encontró; en su deambular lleno de aventuras y desventuras por las tierras salvajes y desconocidas de lo que más tarde sería Rusia Central, conoció gentes que hablaban una lengua comprensible para él, y que decían provenir de la Gran Hungría, un país situado en la cuenca del río Volga. Por desgracia, Julianus no tuvo tiempo de buscarlos. La llegada de los tártaros sumió en el caos a la región; al desaparecer éstos, el panorama era completamente diferente a lo que había sido con anterioridad. De la Gran Hungría no se volvió a saber y los territorios donde supuestamente se habría encontrado, pasaron a formar parte de los principados rusos.

En la Edad Media se extiende la teoría de que los húngaros están emparentados con los hunos de Attila, más tarde se habla de otros pueblos orientales: alanos, escitas, iranios. Esta idea sobrevive hoy en día, sobre todo entre grupos de extrema derecha o asociaciones culturales a ellos vinculadas, donde se ha extendido el culto a la idea del parentesco sumerio-húngaro. A veces incluso han surgido de estos círculos estudios interesantes (por ejemplo, sobre la primitiva escritura rúnica que poseían los húngaros al llegar a la Cuenca de los Cárpatos). En cualquier caso para la lingüística moderna, es algo ya incuestionable que los húngaros son la rama más oriental de los pueblos de lengua ugrofinesa, con dos parientes cercanos, el vogul y el ostiaco (también llamados mansi y janti), hablado por unos miles de personas en Rusia. Sin embargo, en cierto modo estas dos teorías se pueden complementar. Independientemente de que el húngaro sea una lengua ugrofinesa, en su evolución ha sufrido cambios muy grandes y la influencia de pueblos orientales iranios y de sus lenguas.

Una parte importante del léxico húngaro son palabras antiguas, de origen ugrofinés: partes del cuerpo, fenómenos de la naturaleza, algunos números, acciones, términos familiares, pronombres… Por ejemplo: fej (cabeza), szív (corazón), csillag (estrella), víz (agua), (nieve), mond (decir), ház (casa), y otras muchas. Pero también tiene palabras de origen oriental, relacionadas con la vida nómada y pastoril: sajt (queso), disznó (cerdo). O con la agricultura: alma (manzana). Y curiosamente con la escritura: írni (escribir), betû (letra). También son frecuentes las palabras de origen eslavo: kacsa (pato).

En cualquier caso el húngaro tiene un aroma extraño y exótico, oriental, atípico en las lenguas europeas, y a diferencia de las otras lenguas ugrofinesas, un tono más suave y cálido. La gramática es original y bastante lógica y regular. La mayor dificultad reside en algunas particularidades gramaticales inexistentes en las lenguas occidentales, como la doble conjugación de los verbos, según sea el objeto, o el uso de los prefijos verbales, así como el orden de las palabras. Pero el conocimiento de esta lengua es una puerta abierta a una de las culturas más interesantes y originales de Europa, y una mirada desde un punto de vista diferente a su pasado.


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