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Imre Oravecz
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Fragmento de la novela de Imre Oravecz sobre la historia de la familia Árvai, campesinos húngaros a finales del siglo XIX.

János vivía bajo el mismo techo que su mujer, nacida Teréz Közsüs, y su padre viudo, János Árvai. De los cuatro hermanos Árvai, él era el menor. De todos modos, todavía era un hombre joven. Además estaba recién casado porque solo hacía medio año que había llevado al altar a su prometida, y hacía poco que había cumplido los veinte. Tuvo hermanos que murieron de cólera en la década de 1830. De los siete solo dos sobrevivieron a la epidemia: un varón y una hembra mayores que él. Su hermana Regina se casó con Elek Trso, que era del pueblo de Trso. Su hermano Márton contrajo nupcias con una hija de los Vas, y cuando el antiguo sistema de fincas se desmoronó, no construyó una casa aquí, sino en la otra punta del pueblo, en el Felvég,

Este fue el segundo matrimonio de János. Se había casado una vez, pero ni siquiera tuvieron tiempo de acostumbrarse uno al otro pues su mujer murió de tuberculosis. Decidió casarse otra vez. No se sabe si no pudo aguantar como hombre o si le entró pánico de que la prole llegara tarde, pero el hecho es que la segunda vez tuvo tanta prisa que sin esperar que acabara el año de luto llevó al altar a la soltera Teréz. Que se sepa, rompió dos costumbres a la vez: un viudo solo podía casarse con una viuda.

El joven viudo no era un mal partido, aunque se puede descartar la idea de que Teréz conociera o usara esta expresión. No se le consideraba ni rico ni pobre. Tal vez lo que más le iba es ser medianamente acomodado. Tenía suficientes tierras para mantenerse a sí mismo y a su familia. Gracias al matrimonio ascendió todavía más, porque Teréz no llegó con las manos vacías, sino con una dote.

Era medianamente acomodado gracias a su padre, el viejo János, que se casó dos veces y que ya en vida le dejó sus bienes.

El viejo había sido veinte años antes un siervo con finca, propiedad de los Károlyi, y previamente de los Orczy, que antiguamente habían trasladado allí a los antepasados de los Árvai. Más tarde, justo el año en que nació János, consiguió emanciparse y volverse propietario de sus tierras, de los treinta acres de campo húngaro de cultivo y pastos en los que hasta entonces solo había trabajado. La emancipación en principio solo se produjo sobre el papel, y no sin problemas. El Estado, encargado de indemnizar a los terratenientes, que se quedaron con dos palmos de narices, no se tomó mucha prisa en efectuar el pago, y los terratenientes intentaron sabotear el proceso. Hubo mucho tira y afloja, muchas tretas. Además, el propio János contribuyó a aplazarlo sin querer porque se escondió en las montañas. Solo mucho más tarde salió de los bosques adonde había huido porque temía que lo detuvieran y se lo llevaran porque durante la Guerra de la Independencia había luchado con los rebeldes. Y no es porque los austriacos lo buscaran, pues ni siquiera sabían que existía en este mundo. Temía más a sus compatriotas los húngaros, que por envidia, maldad, venganza o afán de buen súbdito no se cansaron tras la derrota de denunciar y entregar a cualquiera, ya que en aquella época abundaban los chaqueteros y los pancistas. Así, una vez más el húngaro fue el mayor enemigo del húngaro. Cuando al fin, con grandes penalidades y dificultad se llevó cabo la promesa y János llegó a ser dueño de sus tierras, resultó ser un buen granjero. No solo fue capaz de conservar las tierras sino que añadió más, y con ello consiguió respeto y prestigio para sí mismo y los suyos.

Traducción de Éva Cserháti y Antonio Manuel Fuentes

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